El Padre Damián decide morir

Tal día como hoy hace 135 años el Padre Damián llega a Kalaupapa, ciudad Hawaiana donde aislaron a todos los leprosos para evitar su contagio y se presentó diciendo: “Llego a vivir y morir como vosotros”

El Sacerdote y Padre Damián en la isla de Molokai.

Imagen: Wikipedia

La vida en Kaunakakai era muy tranquila, con sus casas de madera y su gente, que se reunía todas las tardes para chismorrear bajo el omnipresente sol, culpable de los 25º de temperatura que marcan sus termómetros durante todo el año. No os puedo contar mucho de la familia que me rescató de las frías aguas del océano pacifico puesto que hablaban hawaiano nativo, y aunque he podido aprender muchas lenguas a lo largo de mi vida esa no. Eran 9 hermanos y su madre; todos, incluso el pequeño, con 9 años, trabajaban en el puerto, en la plantación de piñas. Su padre era pescador y creen que murió en un día de marea alta. Estuvieron más de seis meses con la esperanza de que algún día volvería sano y salvo, pero nunca apareció, ni él ni su barco.

En poco tiempo la situación en aquel pueblo comenzó a cambiar. La lepra era un enemigo invencible que estaba acechando en cualquier esquina. La gente no se atrevía a salir de sus casas por miedo de ser contagiados; todo empeoró cuando Kamehameha, rey de Hawai, decidió aislar a los enfermos de lepra en una isla llamada Kalaupapa separada del resto por unos acantilados de 1.010 metros de altitud, unos de los más altos del mundo.

La supervivencia, por tanto, pasaba por aparentar que físicamente estaban perfectamente, porque ir a aquella villa significaba morir como un perro. Esta situación me ha hecho ver tanto escenas dramáticamente conmovedoras como historias amargamente trágicas.

Tres de los nueve hermanos andaban jugando conmigo y su vecino, yo probablemente era el único muñeco de trapo que existía en aquel entonces en la isla, y por tanto, un capricho para estos niños de 9 y 11 años. De pronto les interrumpió su hermano mayor y no sé que les dijo que los niños fueron inmediatamente hacia el puerto. Cuando me quise dar cuenta estaba tirado en un sitio oscuro junto al hermano pequeño y una multitud de personas. Por el movimiento del habitáculo supe que estábamos en el mar, por lo que me temí lo peor.

Al cabo de de unas horas recibí la confirmación a mis peores presagios y el barco nos arrojó cual desperdicios humanos al lugar que, a partir de ese día, se convertiría en nuestro nuevo hogar. Efectivamente, se trataba del municipio de Kalaupapa, lugar designado para aislar a los leprosos del resto de mortales.

Todos habían escuchado cosas terribles de este sitio conocido como la “colmena de la muerte”, pero pronto comprobaron que todo lo que se decía eran puras especulaciones: la realidad era muchísimo peor. Aquello era una ciudad sin ley donde la muerte estaba por todas partes. Todos sabían que su cuerpo se pudriría a medida que avanzaba su enfermedad y que tarde o temprano tendrían una agonía lenta, triste y en la más absoluta soledad. En la colmena de la muerte no existían palabras como amor o amistad, las mujeres eran continuamente violadas, en ocasiones los borrachos arrancaban una risa matando y vejando a otros moribundos, mirases donde mirases habían cadáveres devorado por los perros salvajes… intentar no pensar en las condiciones en las que vivía aquella pobre gente era imposible, siempre estaba presente aquel olor a descomposición y muerte para recordártelo.

Un buen día, en una nueva remesa de leprosos, llegó un hombre que decía ser sacerdote y estar completamente sano. Aquel Belga de nacimiento llamado Josef de Veuster, afirmaba que llegaba a la isla porque nos amaba, venía para ayudarnos y para vivir y morir como nosotros. Pido disculpas si al narrar la historia utilizo la primera persona, como si yo fuera uno de aquellos hombres con lepra, pero he vivido tantas cosas con las personas, que la mayoría de las veces me siento como uno más y olvido que solo soy un muñeco de trapo.

Las palabras de aquel hombre, conocido como el Padre Damián, chocaban mucho, la gente no estaba acostumbrada a oír hablar de “esperanza”, cosa que, por otra parte, necesitábamos como el comer. En un principio, algunos le consideraban un farsante y otros se reían de él, incluso hubo quienes intentaron atacarle, pero poco a poco, todos fueron contagiándose de su fe y sus ganas de vivir. Aunque la situación era prácticamente la misma, este hombre logró cambiar la mentalidad de toda una comunidad.

Bajo su liderazgo se empezó a limpiar el lugar de cadáveres, se reestablecieron unas normas básicas de convivencia, comenzaron a pintar todas las granjas, algunas incluso, se convirtieron en escuelas para niños y adultos; tambien se levantó una iglesia donde todos se reunían para rezar y a los más enfermos se le dedicaba una atención primaria, por no mencionar a los moribundos terminales que ya no morían solos. Esto me dio otra visión de la humanidad, me hizo comprender el increíble potencial que poseen los seres humanos. En cuestión de un año la ciudad era otra, parece mentira que un sólo hombre haya sido capaz de llevar a cabo un cambio tan inmenso. Obviamente, el panorama seguía siendo terriblemente desesperanzador y la delincuencia seguía viva en aquella comunidad, pero la situación había mejorado en un porcentaje altísimo, cosa que anteriormente parecía completamente impensable. Pronto los países de Europa y Estados Unidos hicieron eco de su heroicidad y reunieron una gran cantidad de dinero para la ayuda humanitaria en Kaloupapa.

Como era de esperar el padre Damián se contagió de lepra y un 15 de abril del 1889 murió, después de haber rechazado en numerosas ocasiones volver a la “civilización” para recibir atención sanitaria especializada. Tras 16 años en la villa del horror, el padre de los marginados y moribundos había fallecido, no sin antes planificar la continuación de su programa para cuando el no estuviera.

Hoy en día la iglesia católica celebra el día 10 de mayo en conmemoración al padre Damián. El Belga más importante de todos los tiempos fue beatificado en 1995 y actualmente, se encuentra en proceso de canonización; aunque en mi opinión todas las “medallas” que se le puedan poner es tan solo una anécdota religiosa para recordar a un hombre que recuerdo como un Dios, por mucho que los católicos llamen a eso sacrilegio.

Es triste que, hoy en día, si preguntamos a muchos que es lo que conocen del padre Damián, más de uno respondería que ese es el de la canción del chiki chiki, que dice textualmente: “En el velatorio del padre Damián pusieron Chiki-Chiki, y el muerto echo a bailar bailar, bailar”… Será que lleva razón Woody Allen cuando afirma que la comedia es igual a la tragedia por el tiempo, es decir, un hecho trágico se convierte en comedia cuando pasa el tiempo suficiente.

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7 pensamientos en “El Padre Damián decide morir

  1. A veces creo que ese lenguaje como ausente, siendo tuyas las palabras merece una tanda de psicoanálisis exhaustivos. Poner aquí la letra de tu admirado chiki ha estropeado un post de duermevela, pero legal.

  2. He leido el comentario de Isabel. Muy agudo. Veo que es muy intuitiva pero que te conoce muy poco, por no decir: nada. Su interpretación con respecto al Chiki es brillante, pero creo que lo ha leido al revés.
    El cuervo.

  3. Gracias a los dos por dejar vuestros comentarios. Tomo nota Isabel, las críticas aunque sean difíciles de digerir sirven para crecer. Espero que los demás post sean más de tu agrado.
    Saludos

  4. Hola:
    Opino lo contrario, el hecho de ver la historia en primera persona en vez una tercera persona ausente, da sentimiento a la historia, a veces nos olvidamos de lo que paso realmente, los muertos no son simples números, y el sufrimiento y alegrías del ser humano no son una obra de teatro con actores.

  5. Agradezco tu comentario Daniel, porque precisamente ese es uno de los objetivos del blog, recordar que detrás de los datos estadísticos que nos cuentan los libros de texto existen millones de vidas, sentimientos y pequeñas historias igual de importantes.
    Gracias por leerme y estas invitado a hacerlo siempre que quieras. Ahora me pasaré a ver tu blog.
    Un saludo

  6. me parece muy bonito cuando acabe de leerlo casi me puse a llorar este texto me ha abierto los ojos me voy a dedicar en mi vida a ayudar como pueda a los enfermos.

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