El misterio de Agca

Tal día como hoy hace 27 años Karol Wojtyła, más conocido como Juan Pablo II, fue disparado en la plaza de San pedro del Vaticano, ante el desconcierto de miles de fieles.

Una de las sensaciones más gratificantes que conozco es la de contemplar lugares grandiosos. No todo lo grande es grandioso ni todo lo grandioso tiene porque ser necesariamente grande. Considero grandioso aquello que es capaz de lograr que me sienta tan pequeño como lo que soy, un muñeco de trapo.

Un buen ejemplo de grandiosidad lo tenemos en el mar. Podría estar una eternidad observándolo desde cualquier roca donde pudiera escuchar la música de fondo que emana de sus aguas.

Durante mi fugaz visita a Palma en 1981, tuve la suerte de dormir durante más de un mes en un balcón con vistas al mar. En ocasiones, un hombre joven, de complexión atlética, sutiles rasgos árabes y un talante de seguridad en si mismo se sentaba en la misma roca cada noche y se quedaba observando la sugerente perspectiva durante horas. Aunque la curiosidad no es un dato propio de un muñeco de trapo mi mente no dejaba de bombardear con miles de preguntas ¿En que estaría pensando aquel hombre?, ¿tendrá problemas sentimentales?, ¿será un poeta conocido? ¿un escritor quizás?… y un sin fin de suposiciones banales.

Un mes más tarde, el destino me llevó a otro escenario muy distinto, pero igualmente grandioso: la Plaza de San Pedro del Vaticano en Roma. Era la primera vez que visitaba este lugar. Un sólo vistazo es suficiente para quedar sin palabras ante la magnitud de todos sus monumentos, la inmensidad de sus columnas y la armonía de una desproporcionada estructura arquitectónica.

La plaza se viste de gala siempre que recibe la visita oficial del Papa ante la expectación miles de creyentes y curiosos como yo. El 13 de mayo del 81 presencié una de aquellas visitas desde una posición privilegiada que no voy a detallar por no alargar esta historia. Todo marchaba de maravilla y yo estaba disfrutando porque me gusta ver rostros rebosantes de felicidad y alegría. En tan solo un instante, el clamor de la gente se convirtió en silencio … Juan Pablo II acababa de ser disparado en el abdomen por un terrorista Turco. Aquel silencio se transformó en furia y la furia dio paso a la incertidumbre y al llanto.

Mientras todo el mundo ponía sus ojos en el padre malherido, los míos se clavaron en la persona que llevaba el arma cuya misión no era otra que matar. No imagináis cual fue mi sorpresa al ver que el hombre que acababa de disparar era aquel pensador de mirada perdida hacia el mar que un mes antes había estado observando desde mi balcón de palma. Seguidamente dirigió el revolver hacia su pecho e intentó disparar en varias ocasiones. El arma falló, Su hora no había llegado. Como tampoco había llegado la de Juan Pablo II, que milagrosamente salvó la vida gracias a la rápida intervención del equipo médico. En el bolsillo del personaje en cuestión encontraron una nota que decía “Yo, Agca, he matado al Papa para que el mundo pueda saber que hay miles de víctimas del imperialismo”, lo que hace pensar que Satanás fracasó en el Vaticano de forma misteriosa.

El responsable del atentado responde al nombre de Alí Agca. Hoy en día, y hasta el 18 de enero de 2014, cumple condena en Turquía por el asesinato de un periodista liberal llevado a cabo mucho antes de todo esto. El Papa le dio el perdón públicamente e incluso fue a visitarle a la cárcel donde tuvieron una conversación confidencial de más de 15 minutos. No voy a entrar a valorar la misericordia humana, o en este caso tal vez divina, ya que soy un muñeco de trapo, pero cuando veía las imágenes del Papa y Agca hablando, no podía dejar de pensar en que opinaría de eso la familia del periodista asesinado por este mismo hombre.

Han pasado los años y son muchas las especulaciones que podido escuchar en torno al terrorista: que es un predestinado para obrar uno de los tres milagros de la Virgen de Fátima, que recibió la ayuda de gente muy cercana al Vaticano para cometer el atentado; se le ha llamado sicótico, marioneta, terrorista, etc. Lo cierto es que, a día de hoy, se desconoce a ciencia cierta porque intentó asesinar al Papa. Cuando Juan Pablo II murió, Agca pidió ir a su funeral mediante una carta que firmó como “Agca, el servidor del Mesías”.

¿Que hacia aquel hombre mirando el mar cada noche? hoy lo sé, gracias al libro “Mehmet Ali Agca. Mi verdad”, publicado por la periodista Anna Maria Turi y que pone en boca de Agca lo siguiente: “Pensar, meditar, mil veces en dos semanas, sea de día, en medio de la naturaleza, al lado del mar, sea en el silencio de la noche, para decidir finalmente qué hacer con el proyecto de atentado” ¡Que cierto es cuando afirman que las apareciencias engañan! ni escritor, ni poeta, aquellos ojos que daban la impresión de soñar estaban planeando matar al Papa.

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5 pensamientos en “El misterio de Agca

  1. No creo que Agca diga sus verdaderos motivos, ya que luego de la muerte de S.S Juan Pablo II, el gobierno polaco abrió miles de documentos de la KGB en que seguían a Karol desde que era maestro en Varsovia, entre ésos, su mejor amigo y asistente, y Agca, así que creo que hay muchs motivos, y nunca se dirá, tampoco creo que ya sea relevante, a menos claro, que S.S. Juan Pablo II haya, en efecto, sido asesinado, cosas que bendito Dios, no sucedió.

  2. CRISTINA: Gracias a ti, estaré encantado que te pierdas por las historias de este viejo muñeco de trapo.

    Symbelmynë!: Agradezco que hayas leído mi historia. Opino lo mismo que tú, nunca sabremos la verdad sobre el caso Agca. Una vez más, solo conocemos la punta del Iceberg de lo que está ocurriendo y de lo que ha ocurrido en la historia.

    Saludos 😉

  3. Me encantó el final, nunca te fíes de las apariencias… en realidad es sólo una imagen, un disfraz quizá, esos ojos de mirada profunda no podrían muchas veces develar nada…

    Una mirada perdida en el horizonte es muda, y la verdad casi siempre está escondida en estos casos.

    Un beso.

  4. Gracias por el comentario Vampiresa. Así es, dicen que “los ojos son el espejo del alma”, pero, por desgracia, no siempre son transparentes. Tal vez, si lo fueran, el mundo sería un lugar mejor para vivir..
    besos

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