Abderraman II conoce la traición

Tal día como hoy hace 1186 años tras la muerte de Al Hakam I, el más sanguinario y déspota de los emires omeyas, inicia su reinado Abderramán II.

El s�mbolo del Islam

Aquella era una España muy distinta de la que hoy conocemos. En medio de extensiones infinitas de terreno virgen existían fortalezas situadas en puntos estratégicos. Yo me encontraba en un castillo en el corazón de Al-Andalus, territorio de la península ibérica bajo poder musulmán. Desde mi posición de muñeco de trapo tampoco podía ver todo el lujo que decían que existía en la corte, por lo que, una vez más, tenía que conformarme con observar y utilizar la imaginación. Dos de las personas que más caso me hacían eran dos jóvenes esclavas por las que el Emir Abderramán II sentía debilidad: Khulud y Fatinah. En alguna ocasión incluso me dieron algún paseo por los patios y los jardines mientras se contaban sus secretos.

Khulud era una mujer demasiado peculiar, con mucho carácter y exageradamente seria, de hecho creo que jamás la vi sonreír. Su aspecto era fiel reflejo de su personalidad: piel morena, pelo negro azabache y facciones muy marcadas, casi varoniles. Su extrema delgadez, algo que estaba mal visto en aquel entonces, unido al extraño color negro de sus pupilas daban un fuerte toque siniestro a su persona. Khulud, además, era una mujer culta e inteligente, amante de las ciencias ocultas. Su físico, nada común, y su conocimiento le ayudaron para poder ganarse la vida leyendo la mano y prediciendo el futuro. Era una persona tan reservada e integra que nunca pude saber si creía en lo que pronosticaba o sencillamente inventaba lo primero que le venía a la mente.

Fatinah, era la otra cara de la moneda. Dulce, extrovertida, entusiasta, algo alocada, sincera… su principal arma era su rostro, poseía lo que llamaban cara de luna, es decir, cara redondeada de ojos grandes. Su cuerpo estaba bien entradito en carnes sin llegar a una obesidad excesiva; lo necesario, supongo, para dar un aspecto saludable y lucir unas suntuosas curvas capaz de despertar a todo un regimiento. Fatinah se ganaba el jornal recitando poesías para el califa y sus hombres. En su mayoría las poesías que cantaba eran escritas por Khulud puesto que Fatinah era medio analfabeta. Aquello era un secreto a voces que ambas trataban de ocultar.

Según iban pasando los años, cada vez conocía mejor a mis dos nuevas amigas: sus pensamientos, sus inquietudes, sus sueños,… jugar a ser muñeco de trapo, en ocasiones, es como jugar a ser Dios. Me resultaba curioso como dos personas tan distintas se podían compenetrar de forma tan positiva. Ninguna de las dos transmitía la infelicidad propia que suele conllevar el hecho de ser un esclavo; y es que, en Al Andalus, el esclavo era un ser relativamente libre y la mujer no era una figura sumisa con total sometimiento al hombre. Es más, me atrevería a decir que, con el paso del tiempo, el sexo femenino ha ido perdiendo libertades y derechos en el Islam y que el concepto que tenían entonces era mucho más moderno al actual. Tal vez se deba a una mala interpretación del Corán… no lo sé…

Ambas eran cortejadas por el príncipe Abderramán II, aunque eran jóvenes tenían una madurez impropia. Según pude escuchar, prácticamente, todas las mujeres ansiaban seducir al príncipe con el fin de acabar embarazadas. En cambio el objetivo de Fatinah era muy distinto, a diferencia del resto, no buscaba fines económicos. Ella lo amaba y veía en él a su príncipe azul, al hombre de su vida. ¿cómo podía el emir tanto exito con una mujer como Fatinah? él no era ni mucho menos un Don Juan, mas bien todo lo contrario delgado, con ojeras, nariz aguileña, labios prominentes,… será cierto aquello de que el amor es ciego…

Dicen que Abderramán II fue uno de los emires más inteligentes del imperio, sin embargo, era humano y, como casi todos los de su condición, se dejaba llevar por sus sentimientos. A pesar de ser siervo de la lujuria y esclavo del placer y el sexo, su corazón latía por la concubina Tarub, que se convirtió en el ojito derecho del emir.

Una mañana, Fatinah llegó llorando y con voz angustiada contó a Khulud que casualmente había escuchado que Tarub estaba llevando a cabo un plan para envenenar a Abderramán II con el objetivo de que su descendiente, `Abd Alláh, fuera el sucesor de éste. Decían que había manipulado a su hombre de confianza, el eunuco Nasr, para que este fuera la mano ejecutora y envenenase al emir. Podía sentir la angustia en la voz de Fatinah, estaba a punto de perder la razón de su existir, fruto de un plan maquiavélico de quienes rodean al califa. Como es lógico, Fatinah sentía el impulso de avisar a su amado, pero ¿y si todo era solo un rumor? no solo perdería la confianza de todos sino que su vida podría correr un peligro inminente… Además no era descabellado pensar que todo fuera falso, el favoritismo del que disfrutaba Tarub despertaba muchas envidias en la corte, y por tanto, a menudo se especulaba en torno a ella.

Esa fue la última noche que vi a Fatinah. Desconozco los cambios que hubieron internamente, lo único cierto es que al día siguiente todo cambió y todas las todas caras eran nuevas para mí. Con el tiempo escuché que al Emir le llegó el chivatazo de que iba a ser envenenado por Nasr, por lo que obligó a este a beber de su propio veneno. Nasr cayó fulminado después del primer sorbo. Parece que esta historia de amor, acabó con final feliz y Fatinah triunfó en su arriesgado intento de salvar la vida al príncipe.

Al parecer todo lo ocurrido fue un escarmiento para Adderraman II, que a partir de ese momento comenzó a ejercer las funciones que todos esperaban de él, completando una época de esplendor y un reinado donde fomentó las ciencias, las artes, la agricultura y la industria. Todo esto, sin dejar de satisfacer su extraordinaria capacidad amatoria que dejó la escalofriante cifra de 87 hijos.

Todo ha cambiado mucho en España pero nadie puede borrar las huellas de la ocupación Árabe que estuvieron instalados durante unos 800 años. Son muchas las cosas buenas que la invasión islámica nos ha dejado, por ejemplo su capital, Madrid, tiene sus raíces en el reinado de Mohamed I, hijo de Abderramán II. ¿Que hubiera ocurrido si los españoles no tuvieran esa influencia arábica?, ¿tal vez sería su carácter mucho más frío? ¿Hasta que punto el racismo que actualmente azota la península se puede considerar falta de gratitud?… Yo no sé responder a nada de esto, ya que sólo soy un muñeco de trapo y la información me llega con cuentagotas, pero en cualquier caso, creo que merece algo de reflexión.

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5 pensamientos en “Abderraman II conoce la traición

  1. Agradecido por tu comentario en mi Blog 🙂
    Yo leo bastante historia, y cada nombre es una persona con sus historias detrás.

    En la edad media España avanzo muchísimo, culturalmente, los maestro de origen árabes, educaban hijos de los nobles, que en aquel tiempo la cultura y ciencia árabe estaba mas avanzada que lo de los cristianos.

  2. Efectivamente, mientras en muchas zonas de Europa lo estaban pasando realmente mal, en Al Andalus se estaba invirtiendo en bibliotecas, hospitales, universidades, arquitectura, etc. etc.

  3. Ese es precisamente el crisol de culturas que emancipó España en una época algo retrograda con relación a otros paises. Árabes y judíos aumentaron el nivel cultural de nuestro país ya que, entre otros legados, nuestro actual sistema numérico es el arabe y el algebra fue obra de otro musulman (Mohammed BEN Musa) y no (bin, ni ibn, como se escribe en casi todos los medios) ya que BEN quiere decir hijo de… y BENT, hija de…(apellido del padre)

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