Nunca caminarás solo

Tal día como hoy hace 104 años se fundó la FIFA (Fédération Internationale de Football Association), con su sede en Zúrich y encargada de organizar los campeonatos mundiales de fútbol en sus distintas modalidades.

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Esta vez os contaré la primera vez que escuché hablar de fútbol. Fue en Huelva, en una ciudad en la que los Ingleses hicieron una gran inversión explotando las famosas minas de Río Tinto. La ciudad onubense estaba sufriendo una transformación clave para su desarrollo.

Entonces vivía con una familia numerosa que trabajaba en el campo, tanto el matrimonio como sus 12 hijos. Siempre y cuando cumplieran con su trabajo y con permiso de su autoritario y prepotente padre, estos, que en su mayoría eran adolescentes, se reunían en una vieja fábrica para jugar a un extraño juego traído por los marineros Ingleses llamado Balompié. Básicamente consistía en dos equipos formados por el mismo número de jugadores, dos porterías delimitadas con piedras y una bola que pretendía ser esférica, hecha con trapos y papel cuya misión era entrar en la portería del rival; además los jugadores sólo podían utilizar los pies para lograr el objetivo. Sinceramente me pareció lo más tonto y simple del mundo y no dudé en definirlo como una moda pasajera.

Me equivoqué, la fiebre por aquel juego crecía de manera sorprendente traspasando todas las fronteras. Primero la revolución industrial y, más tarde, el balompié, pusieron fin a una etapa muy bonita de mi vida, en la que quien tenía un muñeco de trapo tenía un tesoro. Aquella pelota de trapo vino a destronarme poniendo fin al reinado de los muñecos de trapo.

Sentí la soledad como nunca antes la había sentido. Tal vez hubo un tiempo, al principio de todo, en que estuve más solo, es cierto, pero por aquel entonces no hacía daño… en aquel entonces no sabía lo que significaba estar acompañado.

Tras muchos años sin volver a preocuparme por el fútbol, el destino me llevó hasta las calles de Liverpool, en Inglaterra. Era un domingo al medio día, yo estaba tirado boca abajo, cerca de un contenedor con la esperanza de que alguien me viera y comenzar una nueva aventura. La calle tenía un transito relativamente leve. Al medio día, comenzó a inundarse de una marea roja de personas que, supuse, eran miembros de alguna organización, ya que todos iban con la misma camiseta y se dirigían hacia un mismo punto; a Juzgar por los cantos que algunos iban coreando podía tratarse de algún equipo de fútbol de la ciudad. En medio de aquella avalancha de aficionados una mano me cogió y me puso una bufanda roja atada al cuello. A continuación dijo a su hijo: – Mira Aaron, este será hoy nuestro amuleto -.

Efectivamente eran aficionados del Liverpool, uno de los grandes equipos ingleses y se dirigían al mítico estadio de Anfield para ver un partido que les enfrentaba a otro equipo inglés cuyo nombre no recuerdo. No tardamos en llegar a nuestro destino. Todo el mundo caminaba en fila hacia las taquillas, se respiraba hermandad, jamás hubiera pensado que algo pudiera mover a gente tan contrastada. Había gente de todo tipo, no importaba sexo, edad, nacionalidad, religión, etc. a todos les unía el rojo. Aquel ambiente, antes incluso de entrar al estadio, me impresionó tanto, que sentía un deseo irracional por entrar y ver el espectáculo.

Embriagado por una emoción absurda, pasamos por las taquillas y empezamos a subir escaleras y escaleras, hasta que llegamos a nuestros asientos desde donde se podía ver todo el campo. Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo, era como volver siglos atrás al Coliseo Romano, con una diferencia muy importante: aquí no iba a morir nadie. Cerca de 40 000 almas expectantes dirigían su mirada hacia aquel manto de césped aterciopelado y preparado para la ocasión, mientras se contagiaban los unos a los otros de una borrachera de júbilo.

No cabe duda, la alegría es contagiosa… y sin saber prácticamente nada de fútbol ni de aquel equipo podía respirar la misma alegría que aquel aficionado y su hijo. Curiosamente fueron momentos en los que no me sentí muñeco de trapo, sino uno más de aquel sentimiento colectivo.

De repente, todos se levantaron y empezaron a aplaudir y a gritar de forma incontrolable. – mira, están saliendo los jugadores – le dijo el padre al chaval. Fueron recibidos como auténticos dioses mientras lanzaban desde el público serpentina y papeles rojos y blancos que dio un colorido al estadio sobrecogedor. Aquello era espectacular y, supuestamente, aún no había comenzado el auténtico espectáculo.

Me quedé un buen rato observando todo: las porterías no estaban hechas con piedras, el balón no parecía, ni mucho menos, de trapo; los jugadores antes de empezar hacían distintas cosas: unos calentaban, otros se hacían fotos, otros se ponían en círculo haciendo un extraño juego con el balón… Las cosas habituales, que para mí eran nuevas. Algo interrumpió mi atenta mirada, era un sonido que parecía salir de los altavoces del estadio. De nuevo habló el padre -ahora van a poner en la megafonía la canción que te gusta, Aaron-.

Al parecer, antes de empezar cada partido sonaba por megafonía la canción “You’ll never walk alone” (nunca caminarás solo), que se convirtió en himno del equipo hasta tal punto que viene escrito en su escudo. Pero algo falló en los altavoces y solo se escuchaban interferencias… Algún sector del aforo empezó a silbar, mientras que el otro comenzó a cantar la canción medio en serio, medio en broma. Antes de que terminase el estribillo estaba todo el estadio levantado de su asiento cantando al unísono. Al finalizar el campo entero quedó mudo y sobrecogido. Dicen que desde ese día, no volvieron a necesitar la megafonía y el hecho de cantar juntos se ha convertido en una especie de religión para los aficionados del Liverpool.

Escuchar cerca de 40.000 personas coreando la letra de su himno, terminó por convencerme de que aquello era algo más que un deporte. ¿qué actividades son capaces de congregar a una gran masa social? La religión, la política, las guerras, los espectáculos… aquello reunía la fe y la hermandad que se concentra en las religiones, la competitividad y la esperanza que se deposita en la política, la tensión y la violencia de las guerras, los aplausos y las estrellas mediáticas de cualquier espectáculo o evento… El campo de fútbol es como un cóctel de todas las emociones existentes. Creo que ahí reside su grandeza, en el espectáculo en si, sino en todo lo que mueve a su alrededor siendo capaz de unir a dos personas que no tienen nada que ver.

En cuanto al partido en si, tan solo fue una anécdota de todo lo que pude ver ese día. El Liverpool ganó. Cuando marcaban gol el público ondeaba las banderas y las bufandas a la vez que aplaudían, y gritaban, y sonreían, y cantaban…y cantaban.. finalmente salí del estadio entendiendo porqué aquel juego que trajeron los ingleses no se quedó en una moda y comprendiendo como consiguió superar dos guerras mundiales… ese día, además, dejé de odiar a las pelotas de trapo. Desde entonces, siempre que puedo, veo los partidos, aunque sea por la tele, y recuerdo aquel campo, aquella afición, aquel fervor…

Como colofón a este recuerdo, pondré la letra de la canción que, aún hoy, se sigue escuchando en Anfield antes de cada partido y que, aún hoy, sigue provocando en mí algo parecido a la melancolía:

“Cuando camines atravesando una tormenta

Mantén bien alta la cabeza

Y no te preocupes por la oscuridad

Al final de la tormenta

Hay un cielo dorado

Y el dulce y argentino canto de una alondra

Camina a través del viento, camina a través de la lluvia

Aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados

Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón

Y jamás caminarás solo….

Nunca caminarás solo.

Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón

Y jamás caminarás solo….

Nunca caminarás solo….”

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2 pensamientos en “Nunca caminarás solo

  1. Saludos! y gracias por pasarte por mi blog. Tenés un blog interesante, no lo hubiera pensando pero buena idea poder saber qué paso hace mucho tiempo en un día al que quizás nosotros lo vemos tan comun.

    Nos estamos leyendo.

  2. Graias Next,
    Cuando uno recibe la condena de vivir eternamente cada día aparece el recuerdo de una época, un dolor, una vida…
    Un saludo y pasate cuando quieras 😉

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