Desastre natural en Perú

Tal día como hoy hace 38 años tuvo lugar uno de los peores sismos que ha sufrido el Perú a lo largo de su historia, dañando una extensa área de aprox. 1.000 kilómetros de longitud y 250 kilómetros de ancho de la costa y sierra peruana.

Enlace: Imagenes de Huaraz durante el terremoto del 31 de mayo de 1970.

Después de estar muchos años en grandes ciudades de millones de habitantes, la fortuna, cuestionable por otra parte, me llevó hasta una ciudad del Perú llamada Huaraz. Este hermoso lugar con aspecto de pueblo tradicional y entrañable, se sitúa unos 3000 metros de altitud a los pies del pico más alto de Perú llamado “Nevado Huascarán”. Os podéis hacer una idea de las impresionantes vistas que se podían disfrutar, casi desde cualquier punto de la ciudad.

Las condiciones en las que vivíamos no eran demasiado prometedoras. Se trataba de una choza de escasos metros, construida por los miembros de la propia familia: el matrimonio Aurelio y Rosa y sus cuatro hijos Roberto, Ingrid, Eduardo y Marco. Eran bastante pobres, tenían lo justo para sobrevivir, sin embargo, puedo asegurar que eran personas felices, poseían algo que el dinero no puede comprar, todos formaban una piña y su circulo rebasaba tanto amor a la vida, que eran capaces de superar cualquier obstáculo que se les pusiera por delante con la mejor de las sonrisas. Cuando cierro los ojos y pienso en Aurelio, siempre le recuerdo diciendo a sus hijos aquello de – para que queremos un techo de hormigón y cemento, si tenemos un manto lleno de estrellas -. Tanto Aurelio como su mujer trabajaban en la casa de un profesor o directivo del colegio Santa Elena, gracias a ello, los niños pudieron tener una educación escolar muy por encima de sus posibilidades.

La mayor parte del día la pasaba en la mochila de Marco, que a sus 15 años, era el pequeño de los hermanos. Este me eligió como una especie de amuleto o talismán para ayudarle a superar con éxito las cosas que más le preocupaban: popularidad entre sus compañeros, los exámenes, la salud de su familia, etc. Le llegué a coger mucho cariño a este chico. Era inocente, tierno, vulnerable y tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Pero a la vez tenía una confianza ciega en sí mismo, y estaba convencido que de quería ser alguien en la vida… alguien que ayudase a salvar vidas… soñaba con ser un buen médico.

Marco estaba completamente enamorado de Liliana, una chica del colegio que iba a su clase. A pesar de su juventud, llevaba años besando el suelo por donde esta pasaba, pero nunca se había atrevido a decir nada. Era consciente de que Liliana y él pertenecían clases muy distintas y lejos de avergonzarse por su condición de pobre, sentía algo muy típico del adolescente, pánico a ser rechazado.

Un día, Marco se lleno de valor y dejó una notita en el pupitre de Liliana en la que le decía todo lo que sentía por ella. Al terminar la clase, ella se acercó con una sonrisa y le dijo:

– creía que no me lo ibas a decir nunca, ¿te apetece quedar mañana en la plaza después de clase? -, una respuesta contundente, que superaba todas las expectativas de Marco.

El chico quedó perplejo y sin voz, por lo que solo pudo asentir con la cabeza. Ella le dio un beso en la mejilla y se fue dibujando una sonrisa.

El joven no fue capaz de pegar ojo en toda la noche, al fin probaría el sabor de su primer beso, y además con la persona que amaba. Se moría de ganas de tenerla frente a él, pero también sentía miedo de no estar a la altura, debe ser esa la razón por la que se pasó toda la noche besando su propia mano… imagino que para practicar. No puedo evitar sonreir al recordarlo… tan responsable, tan maduro… y hecho un manojo de nervios por un simple beso…

Por fin llegó el día. Todo estaba dispuesto para que el cuento terminara con un “vivieron felices y comieron perdices”, y ahí estaba yo, como espectador de lujo observándolo todo y lleno de satisfacción de ver a Marco en un día tan especial en su vida. Ambos se habían puesto sus mejores galas y no paraban de echarse miraditas, mientras el profesor explicaba la lección.

La cuenta atrás, para ese primer beso había comenzadó y el pulso de Marco estaba cada vez más acelerado. De pronto, el cuento cambió de forma radical. Eran exactamente las 15:23 cuando el constante murmullo de la clase frenó en seco, la tierra empezó a temblar y las ventanas a vibrar con violencia. En un principio todos quedaron paralizados, conteniendo la respiración… pero aquello, no había hecho más empezar. La estructura comenzó a tambalearse mientras el miedo se podía ver en cada uno de los rostros de los alumnos.

Todo se lleno de polvo, el pánico se hizo dueño de la situación. El panorama que pude presenciar aquel día es, tal vez, de los más tristes que he visto nunca, la crueldad de la naturaleza en todo su esplendor castigando a niños inocentes con toda una vida por delante. Unos lloraban amargamente, otros salieron huyendo de algo de lo que no podían huir, otros yacían en el suelo en un charco de sangre tras ser golpeados con alguna porción del techo que ya se había derrumbado; Marco fue corriendo hacia Liliana y ambos se escondieron debajo de la mesa del profesor, abrazados mientras rezaban e intentaban tranquilizarse mutuamente a la desesperada… aquel sonido ensordecedor seguía a pies juntillas la sinfonía de la muerte. El sismo duró 45 segundos y su intensidad fue de 7,8 grados en la escala de Richter.

45 segundos separaban la felicidad de la angustia, la alegría de la desesperación, la paz del caos… 45 segundos tardó el tren de la muerte en arrasar toda una ciudad llena de vida, con miles de personas con sus sueños, sus metas, su futuro… realizando el único viaje que conozcamos que pueda realizar el ser humano: el viaje de la vida.

El temblor paró en seco dejando un escenario escalofriantemente parecido a la guerra… Milagrosamente, entre los escombros aún había gente con vida, esto lo se por los gritos y lamentos que aún seguía escuchando. Además, entre el polvo y el humo creo que pude distinguir la figura de Marco y Liliana abrazandose con más fuerza que nunca. Sin embargo, antes de que tuvieramos tiempo de dar gracias a Dios por seguir vivos, se escuchó otro sonido que cada vez se iba haciendo más potente… provenía del Nevado… Entonces ví como un alud impresionante de nieve se deslizaba por la ladera y venía a ritmo endiablado hacia nosotros… en ese momento, se esfumaron mis esperanzas de que quedaran supervivientes. Incluso temí quedar enterrado de por vida, que es, probablemente, el peor de los castigos que puede recibir un muñeco de trapo.

El aluvión arrasó con el 97% de la población, en menos de 4 minutos. 10.000 Huaracinos perdieron la vida y todo quedó en ruinas. En el colegio Santa Elena tuvieron que recoger más de 400 cadáveres. Pero esta catástrofe, obviamente, no solo afecto a Huaraz; el total de víctimas mortales ascendió a 47.194 personas. Además de 19.600 desaparecidos.

El 31 de mayo se ha convertido en el “Día Nacional de la Reflexión sobre Desastres Naturales” llevándose a cabo una evacuación de emergencia en todos los centros escolares del país que esperemos no tengan que llevar a la práctica jamás.

Los cuerpos de Marco y Liliana jamás fueron encontrados, sencillamente la tierra se los trago. Esta es la historia de un amor eterno que nunca tuvo la oportunidad de errar, de un beso que quedó eternamente idealizado, de unos niños cuya existencia fue borrada de un plumazo por la diosa naturaleza… es una trágica y dramática historia que jamás ha existido porque jamás fue contada y que hoy quiero recordar para que sean conscientes del drama que supone vivir eternamente…

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3 pensamientos en “Desastre natural en Perú

  1. El relato en sí merece una moción especial para el autor ya que tratandose de un hecho real hay que tirar de ingenio para salir airoso del tema. Veo sin embargo menos protagosnismo de nuestro frágil y simpatico muñeco de trapo.
    Ignorando si murió o no, aún tratandose de un mwñeco, espero que solo esté entre los 19600 desaparecidos y pronto nos siga deleitando cavalgando a lomo de un veloz alazán en busca de nuevas aventuras…

  2. Aurora: Gracias por verme y leerme con esos ojos y por ayudarme a mejorar cada día.

    Cuervo: Tienes razón, un fallo no aclararlo en el relato. Por suerte, fui rescatado entre los escombros de la catástrofe y gracias a eso puedo seguir, hoy en día, contando mi propia historia personal: la historia de un muñeco de trapo.

    1 abrazo a los dos 😉

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