Duelo en la casa blanca

Tal día como hoy hace 204 años el vicepresidente de los Estados Unidos, Aaron Burr, se enfrentó en duelo con Alexander Hamilton.

Duelo entre Aaron Burr y Alexander Hamilton

No recuerdo la forma en que llegué a Nueva York, tampoco la razón por la que me encontraba en aquella glamurosa sala donde tenían lugar las cenas más importantes de todos los altos cargos de los Estados Unidos. Solo sé que durante cinco años nadie me movió de allí y eso que al principio pensaba que se desharían pronto de mí, un muñeco de trapo “no pintaba ni con cola” en un decoración tan barroca. Durante mi estancia en aquel comedor de lujo presencié más de mil cenas y comidas de todo tipo: unas oficiales, otras secretas, otras con oscuras intenciones, otras escondían infidelidades jamás contadas, y un largo etcétera.

Entre plato y plato pude conocer a personajes tan ilustres como el vanagloriado presidente: Thomas Jefferson, autor de la declaración de independencia. Jefferson es considerado un héroe del pueblo americano y no es para menos, la declaración de Independencia de los Estados Unidos marcó un antes y un después para el país que hoy es potencia mundial. Yo también lo consideraría un héroe de no haber estado presente durante aquellas copiosas comidas… Jefferson tenía unos ideales partidistas radicales y no solo apoyaba el imperio esclavista sino en más de una ocasión escuché como vejaba verbalmente a todo el colectivo esclavo… pienso que alguien con principios perversos jamás debería ser considerado un héroe. Desde entonces intento diferenciar entre héroes (Ghandi, Teresa de Calcuta,…) y personajes que han realizado un acto heroico como el caso de Jefferson… parece lo mismo pero considero que es muy distinto.

Cuando aquellas interminables cenas tenían lugar, yo me sentía como un espectador de excepción del circo de la ironía, de las traiciones y de la desvergüenza en la alta sociedad. El guión siempre era el mismo. Por un lado estaba el presidente Jefferson, cómodo en su posición de mandamás y sabedor de que todas sus salidas de tono serían reídas por una mesa que encarnaba la hipocresía. Por otro lado el ambicioso Vicepresidente Aaron Burr, confabulando contra Jefferson en su empeño por alcanzar más poder a costa de sublevarle. Y como personaje secundario de lujo, el secretario del tesoro Alexander Hamilton, que aprovechando su poder cautivador e influyente se esforzaba por destrozar los planes del vicepresidente Burr…

Cuentan que Aaron Burr y Alexander Hamilton mantuvieron más allá de aquella mesa una lucha política encarnizada. Aquella rivalidad mediática cada vez fue desvirtuando en una batalla por desacreditarse en la que, como en el amor y en la guerra, todo valía.

Me intrigaba mucho pensar como dos personas tan similares podían odiarse tanto. Ninguno era demasiado corpulento pero ambos eran líderes natos, ambos habían llegado hasta lo más alto a fuerza de lucha, esfuerzo y por meritos propios, ambos eran inteligentes, ilustrados y cultos, ambos ayudaron a Jefferson a llegar a la presidencia a pesar de odiarle… sin embargo su grado de compatibilidad era cuanto menos escaso. Es una de las cosas que me apasiona del ser humano, que cuando crees conocerlos en profundidad, vives un hecho que destroza todas tus teorías obligándote a volver a empezar de cero para replantearte todo.

Después de que Burr fracasara en su intento de ser gobernador de Nueva York, gracias en gran parte a la campaña llevada por su eterno rival, Hamilton, solo faltaba una chispa para hacer estallar toda la ira que llevaban tiempo acumulando. Esa chispa saltó durante una de las mencionadas cenas cuando, durante una discusión, con tono irónico y media sonrisa Hamilton dijo que podría expresar una “opinión todavía más despreciable” de Burr. Todo esto trascendió, incluso, a un periódico local, por lo que Burr le pidió que desmintiera públicamente esas injurias.

Ante la negativa de Hamilton, Aaron Burr decidió resolver el problema de forma civilizada decidiendo retarle en duelo a muerte. Aunque existían numerosas modalidades, el duelo consistía básicamente en situarse frente a frente a una distancia reglamentaria y disparar al rival después de una señal, que solía efectuarse mediante un silbato. Puede que hoy en día, cueste entender que “civilizadamente” y “duelo” sean sinónimos, pero por aquel entonces se pensaba que Dios era el que impartía justicia durante el desenlace, por lo tanto el que perdiese era, a buen seguro, el culpable.

Desde aquel día son muchas las versiones que escuché sobre aquel duelo durante esas interminables comidas. Esta es mi reconstrucción de los hechos sobre lo que realmente ocurrió durante aquel amanecer del 11 de julio de 1804. No eran aún las 7 de la mañana cuando ambos, vestidos con su mejor ropaje, cruzaron el río Hudson a remo para dirigirse a una muerte más que probable. Mientras tanto, Hamilton pensaba en su hijo, muerto en duelo hacía unos años, y en su mujer, a quien ocultó el enfrentamiento a vida o muerte con objeto de evitarle pasar el mal trago. Por otra parte Burr concentrado en su objetivo de salvar su honor y recuperar su reputación como político. Llegaron puntuales a la orilla de Nueva Jersey, un lugar precioso para una escena tan trágica. Con la adrenalina a flor de piel y la cabeza bien alta con afán de ocultar el miedo evidente, se colocaron espalda con espalda y contaron diez pasos exactos hasta llegar al lugar donde debían esperar la señal para disparar. Tras la señal ocurrió algo sorprendente, Hamilton no apuntó hacia el cuerpo de su rival sino hacia el cielo; Ese gesto llamado “deloping”, se usaba cuando el rival admitía la propia culpa. En cambio la bala de Burr acertó de lleno en el abdomen de Hamilton, destrozándole el hígado y la espina dorsal.

Ese mismo día Burr que hizo una cena con su gente para celebrar su victoria, mientras Hamilton se despedía de sus amigos y familiares en una casa de Manhatan. Contrariamente a lo que Burr creía los dos habían perdido algo aquella triste mañana: Hamilton había perdido la vida pero Burr había perdido su reputación como político y el poco crédito que aún conservaba.

Las personas pasan gran parte de su vida intentando rodearse de gente compatible, pero… ¿que es la compatibilidad?, la RAE lo define como aquello que tiene aptitud o proporción para unirse o concurrir en un mismo lugar o sujeto”… yo, desde mi posición de observador, me pregunto en que consiste esa “aptitud” a la que hace referencia tal definición. Hace algunos siglos, y aplicando una lógica universal y aplastante, hubiera dicho que dos personas son compatibles cuando coinciden en el mayor número de aspectos posibles, en cambio la experiencia me ha demostrado que eso no es del todo cierto…

Según lo que he podido observar, la probabilidad de ser compatibles es casi nula tanto si dos personas son extremadamente distintas como si son completamente iguales. Esto me lleva a pensar que la compatibilidad es lo que se encuentra dentro de un rango determinado, ni demasiado lejos y ni excesivamente cerca…

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4 pensamientos en “Duelo en la casa blanca

  1. Casualmente leí la noticia el mismo día que lo publicastes o el día anterior, pero enfin, tipo agencia EFE, sin más.
    La historia es interesante y nos hace ver que la nación más importante del mundo mataba indios y practicaba el duelo hace un poco más de doscientos años.
    A ver como toman la broma los Yankees si entra OBAMA en la Casa Blanca. Seguro que peor que los del PP con Zapatero…
    Me gusta el enfoque y el desarollo del evento;
    y como te dije: Vas tomando “du poil de la bête”
    No haré como Risto y te seguiré diciendo, muy bien.

  2. Gracias una vez más.

    “du poil de la bête”, más quisiera yo… puede que algún día, quien sabe… de momento me conformo con “la mirada del que intenta aprender” 😉

  3. No seas tan modesto cuquín, pero tampoco te pases. No crezca demasiado pronto, ni demasiado rápido porque así las caidas son más duras y más estrepitosas. Me remitiré a tu primer artículo : “… la Torre Eiffel no se hizo un un día…” como dicen los franceses, y mira donde está…

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